Esta
guía ha sido elaborada por Jordi Gascón (Xarxa de Consum Solidari)
y
Ernest Cañada (Sodepau-ACASC)
En
las últimas cinco décadas, el turismo internacional ha pasado de desplazar 25 a
casi 700 millones de viajeros al año, y a lugares cada vez más remotos gracias
al desarrollo de los medios de transporte. Un fenómeno de tal magnitud y con
una expansión tan rápida no podía por menos que generar impactos allá donde se
ha establecido. Generalmente estos impactos se clasifican en tres categorías:
económicos, medioambientales y socioculturales.
Impactos
económicos
El turismo ha sido
presentado tradicionalmente como un eficiente motor del desarrollo económico,
capaz de generar empleo, modernizar las infraestructuras, impulsar otras
actividades productivas, revalorizar los recursos autóctonos o equilibrar
balanzas de pagos nacionales. Antes de la década de 1970, asumidas estas
premisas y con el turismo internacional de masas recién estrenado, pocos
investigadores se habían parado a estudiar los costes económicos que suponía
para las sociedades anfitrionas esta actividad. Pero en esa década empezaron a
ser evidentes.
Así, es cierto que el
turismo genera empleo, pero en muchas ocasiones para la población local es un
empleo estacional y poco cualificado. Además, suele tratarse de un empleo
inestable: el turismo es un sector con grandes vaivenes, y las zonas de destino
se tienen que enfrentar con la competencia de otras nuevas que surgen gracias
al desarrollo de los medios de transporte.
También es verdad que
se modernizan las infraestructuras, pero según las prioridades turísticas y no
en base a un desarrollo endógeno y equilibrado con las otras actividades
productivas.
La revalorización de
los recursos autóctonos se materializa muchas veces en procesos inflacionarios,
derivados de un aumento de la demanda de la tierra, el agua o los alimentos; el
resultado es el encarecimiento de la canasta familiar, la dificultad de acceder
a una vivienda o la expulsión de campesinos por el aumento de las rentas
agrarias. El turismo impulsa algunas actividades productivas, como la
construcción, pero también pone en peligro otras tradicionales, como hemos
visto en el caso de la agricultura.
Igualmente, es
discutible la capacidad del turismo de generar ingresos en los países de destino,
ya que son los países de origen los que más se benefician de esta actividad:
compañías de vuelo y grandes establecimientos hoteleros suelen pertenecer a
multinacionales del Norte, además de que los operadores de estos países tienen
capacidad de imponer precios a sus “socios” del Sur.
A modo de ejemplo de
estos procesos, nos podemos referir a primigenias zonas de atracción turística
como las Antillas o Hawai en la década de 1960 y principios de la siguiente. El
desarrollo turístico llevó a sustituir tierra agrícola por tierra urbanizable,
y al campesino por el obrero de la construcción o el trabajador del sector
servicios. En pocos años, se redujo la soberanía alimentaria y fue necesaria la
importación de los alimentos, más caros y a los que sólo se podía acceder en el
mercado. En el caso de Hawai, dos de sus ocho islas mayores acabaron siendo
propiedad privada, igual que más del 70% de las mil millas costeras hasta
entonces propiedad del estado. Por último, las pequeñas industrias turísticas
autóctonas fueron substituidas por otras foráneas con mayor capacidad de
competencia.
Finalmente, cabe
señalar que en determinadas zonas donde se ha hecho una apuesta por el turismo
como principal medio de desarrollo, se ha observado que genera problemas
semejantes a los de de economías basadas en la agricultura de monocultivo para
la exportación, tales como la dependencia de los precios del mercado
internacional, muy fluctuantes, o un alto nivel de riesgo derivado de la escasa
diversificación.
Impactos
medioambientales
Curiosamente, uno de
los factores que favorece la aparición del turismo en una zona, el paisaje,
suele mostrarse especialmente frágil con su desarrollo. Ya hemos visto como la
llegada de turistas tiende a cambiar el uso de los recursos naturales. Pero más
allá de ello, muchas veces tiende a sobrexplotarlos.
El turismo de masas
se ha mostrado especialmente violento con el medio ambiente: urbanización de
zonas naturales o no integrada en el paisaje, sobreutilización del recurso del
agua, problemas relacionados con el tratamiento de las basuras, contaminación
del agua por los residuos líquidos, destrucción de monumentos históricos,
contaminación del aire por el uso de vehículos y calefacción, cambios en el
paisaje para favorecer actividades de ocio como el golf o el esquí, etc. Estos
procesos son más incisivos en los países del Sur, donde las normativas
medioambientales suelen ser más laxas para favorecer la industria turística y
los recursos naturales son presa fácil de la especulación. Como ejemplo se
puede señalar la crisis ecológica que está padeciendo la costa de Quintana Roo,
en México, a causa del desmedido desarrollo de centros turísticos como Cancún o
Cozumel.
Pero no sólo el
turismo de masas incide sobre el medio ambiente. Formas de turismo alternativo
también pueden hacer un uso no sostenible de los recursos. Bajo el concepto
“turismo alternativo” se agrupan diversas formas de turismo que, a veces,
buscan un desarrollo sostenible de la actividad, pero otras sólo expresan la
contraposición al turismo de masas. No obstante, aunque sea sólo porque se
trata de turismo a pequeña escala, las formas alternativas de turismo suelen
conllevar mucha menos alteración en el paisaje.
Por el contrario hay
ocasiones, cuando el paisaje es el principal valor turístico, que las
instituciones públicas llegan a establecer normas conservacionistas extremas,
hasta el punto de impedir el desarrollo normal de actividades tradicionales y
sin entender que el ser humano tiene también un papel en el ecosistema.
Impactos
socioculturales
En ocasiones se ha
señalado que el turismo puede tener beneficios positivos al permitir la
interrelación entre culturas diferentes. No obstante, los impactos
socioculturales detectados suelen ser negativos para la sociedad anfitriona.
Uno de los aspectos más destacados es la tendencia a acelerar cambios
culturales que despojan de su significado a los elementos culturales para
dejarlos sólo en lo epifenoménico, lo “visible”, que es tratado como una
mercancía más. En Kenia, uno de los países africanos más turísticos, es común
que etnias autóctonas representen danzas y rituales como atracción para los
turistas fuera de su contexto cultural. La artesanía es un ámbito en el que
estos procesos se dan con asiduidad: además de cambiar de finalidad (de bien de
uso a mercancía), los modelos artesanales se homogeneizan según los supuestos
gustos occidentales.
El desarrollo del
turismo puede influir sobre la estructura de las sociedades anfitrionas,
generando o incrementando la diferenciación social. Y es que los beneficios que
se quedan en la zona de destino no se suelen repartir uniformemente, sino que
tienden a ser monopolizados por un sector minoritario de la población. En el
caso cubano, por ejemplo, si bien las empresas turísticas son mixtas (estado
cubano – capital extranjero), los trabajadores que tienen contacto con los
turistas (camareros, guías, etc.) suelen recibir, en propinas, varias veces el
sueldo medio del país, lo que les ha convertido en un grupo social diferenciado
y envidiado.
Turismo
Sostenible y Turismo Responsable
- Las consecuencias
del desarrollo turístico, en especial en los países del Sur, parecen haber sido
mayoritariamente perjudiciales. No obstante, algunos casos de turismo
alternativo autogestionado por la propia comunidad parece mostrar que un cierto
tipo de turismo, a menor escala y con una gestión diferente, puede generar
efectos positivos. Se empieza a hablar, entonces, de Turismo Sostenible.
La
Organización Mundial del Turismo (OMT), en base a la definición de desarrollo
sostenible establecido por el Informe Brundtland, afirma que:
“el desarrollo del
Turismo Sostenible responde a las necesidades de los turistas y de las regiones
anfitrionas presentes, a la vez que protege y mejora las oportunidades del
futuro. Está enfocado hacia la gestión de todos los recursos de manera que
satisfagan todas las necesidades económicas, sociales y estéticas, y a la vez
que respeten la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la
diversidad biológica y los sistemas de soporte de la vida”
El concepto de Turismo Sostenible se relaciona con el de capacidad
de carga. Éste se define como el máximo aprovechamiento que se puede realizar
de los recursos económicos, sociales, culturales y naturales de la zona de
destino sin reducir la satisfacción de los visitantes y sin generar impactos
negativos en la sociedad anfitriona o en el medio ambiente. Por tanto, podremos
hablar de Turismo Sostenible cuando no se sobrepasa la capacidad de carga de
una zona de destino.
El problema se encuentra en el momento de establecer los
indicadores que han de permitir calcular la carga máxima de una zona de
destino. Según las diferentes perspectivas e intereses, estos indicadores son
más laxos o más restrictivos.
A todo caso, y siguiendo su definición, el Turismo Sostenible lo
ha de ser en las tres categorías en que se clasificaban los impactos del
turismo: debe ser sostenible económica, social y medioambientalmente.
El Turismo Sostenible no hace referencia a ninguna forma de
turismo específica, aunque parece que el turismo tradicional tiene más
dificultad en alcanzar la sostenibilidad que otras formas de turismo más
alternativo. No obstante, y como queda dicho, bajo el término “turismo
alternativo” se agrupan diversas formas turísticas, algunas de las cuales son
gestionadas con un espíritu de lucro similar a las tradicionales y con impactos
más que dudosos.
Una de las formas de turismo alternativo que mayor expectativa ha
generado es el denominado Ecoturismo.
En su definición original, sería una forma de Turismo Sostenible, ya que si
bien hace especial insistencia en el tema medioambiental, no olvida el factor
socioeconómico. Así, para la ONG Ecotourism Society, se trata de un turismo en
zonas naturales que contribuye a la protección del medio ambiente y deja
beneficios para la población local. Ecuador es posiblemente el país
sudamericano donde este tipo de turismo más se ha desarrollado, por iniciativa
de sus potentes organizaciones indígenas de la selva y de la sierra.
El éxito del término “Ecoturismo”, y tal vez como consecuencia de
que parece hacer mayor hincapié en la sostenibilidad de tipo medioambiental que
en otros, ha fomentado que operadores turísticos lo utilicen para definir
formas de turismo de naturaleza poco o nada sostenibles. Un ejemplo lo ofrece
el volcán Monbacho, en Nicaragua. En lo que hace pocos años eran tierras de una
cooperativa campesina, nacida en tiempos de la Revolución Sandinista, una
empresa privada ha instalado un exitoso servicio de “cannopy tour”. Se trata de
un bellísimo paseo por las copas de los árboles, deslizándose en tirolinas, que
permite admirar el paisaje desde una perspectiva poco habitual. El problema es
que los campesinos, antiguos propietarios de aquellas tierras, se vieron
obligados a malvenderlas, ahogados por la falta de créditos y apoyo a la
economía campesina, y acabaron desplazados de sus antiguas propiedades. En la
gestión del servicio turístico estos campesinos únicamente participan, en el
mejor de los casos, como empleados, sin participar realmente en los
sustanciales beneficios económicos generados por esta actividad.
Un mismo modelo de turismo no tiene efectos similares sobre
sociedades diferentes. Su impacto varía dependiendo el contexto de la sociedad
anfitriona, así como sus características endógenas sociales, políticas y
económicas. En la Isla de Taquile, situada en el Lago Titicaca, desde la
década
de 1970 se desarrolla un modelo de turismo que combina la iniciativa privada
con la gestión comunal de manera exitosa y sostenible. Sin embargo, el intento
de aplicación de ese modelo por parte de otras comunidades vecinas pero con
condiciones sociales y demográficas diferentes se convirtió en fuente de
conflictos.
En conclusión, no parece que haya un modelo de Turismo Sostenible
aplicable universalmente ya que, como queda dicho, el impacto del turismo varía
dependiendo de las características de la sociedad anfitriona y de su contexto.
En cambio, sí hay modelos de desarrollo turístico que, sean cuales sean las
características sociales, económicas y medioambientales de la zona de destino,
siempre son insostenibles: el turismo masificado, el turismo sexual, turismos a
pequeña escala controlados por agentes foráneos, etc.
Ante esta situación, el Turismo
Responsable no aparece como un tipo o modelo de turismo específico, sino
como un movimiento:
a) que busca establecer modelos de desarrollo turístico sostenibles y
específicos para cada zona de destino, para lo que se han de tener en cuenta
sus variables sociales, económicas y medioambientales;
b) que denuncia los impactos negativos que el turismo conlleva o
puede conllevar en las sociedades anfitrionas, así como la imagen distorsionada
que los visitantes pueden hacerse de la realidad que han ido a conocer;
c) que valora y reclama la responsabilidad de turistas, tour-operadores,
anfitriones e instituciones públicas a la hora de favorecer modelos turísticos
sostenibles.
Desde esta forma de entender el Turismo Responsable,
el problema no consiste, solamente, en considerar que el turismo pueda ser un
motor de desarrollo al que hay que ponerle algunos mecanismos correctores ante
los riesgos que entraña. Se trata de una cuestión de perspectiva previa: el
turismo, como cualquier otro nuevo recurso que genera beneficios, se convierte
en un espacio de confrontación social. Un recurso en el que los distintos
sectores sociales implicados no necesariamente tienen los mismos intereses,
sino que muchas veces, al contrario, tienen posiciones claramente opuestas. De
esta forma, a pesar de que el turismo internacional en los países del Sur
generalmente supone un aumento de los problemas para la mayor parte de la
población, también puede implicar un potencial de desarrollo de sectores
marginados de esas mismas zonas. La cuestión es entender esta dinámica de
confrontación y tener claro al lado de quien queremos estar.