Fundamentos 

 

Todos los grandes acontecimientos históricos han estado precedidos y acompañados por fuertes movimientos culturales y en esta íntima relación, la cultura, como la suma de las identidades de todas las personas que aportan su expresión personal de las experiencias vividas, despliega su poder de tal manera que este determinado movimiento histórico se ve sustentado por la fuerza de quienes lo viven, lo nombran e interactúan con las experiencias de otras personas, conformando identidades colectivas, que son las protagonistas y constructoras de las Historias de los pueblos.

 

En este amalgama de identidades colectivas, pueden destacar quienes filosofan y escriben, quienes investigan en carne propia a través del teatro y sus múltiples formas, las canciones que ganan las calles y encienden la ilusión de quien las escucha, quienes proponen con sus imágenes, danzas, pinturas, coreografías, juegos, instalaciones, videos, o cualquier otra disciplina, aportes para transformar y definir el mundo sobre el que estamos, la ciudad en la que vivimos, el barrio donde nos despertamos; sin embargo el nutriente de esta dinámica creativa se encuentra en la aportación de cada individuo, de cada vida, todas igualmente valiosas, que guardan en su seno todo un nuevo y rico imaginario, que saliendo de sí mismas para comunicarse con su entorno se convierten en la expresión de cada pueblo, señalando con ella sus más explícitos deseos.

 

Actualmente la participación de la ciudadanía por los cauces establecidos hasta ahora por las administraciones se ha encontrado en más de una ocasión con el desconocimiento de los recursos y derechos y con una excesiva burocratización, que aunque sea garante del rigor necesario para una igualdad de oportunidades, al mismo tiempo deja en el camino a quienes no logran salvar los aspectos formales aún disponiendo de grandes aportaciones potenciales que no llegan a trasladarse efectivamente.

 

Por otra parte, los espacios de ocio y entretenimiento que encontramos a nuestro alrededor, adolecen de espacios donde las personas sean protagonistas de sus propias experiencias.

 

Entrelazando ambas premisas, constatamos que las capacidades de aportar a la transformación social del propio entorno, tienen aún muchas potencialidades aletargadas.

 

Desde el proyecto IntegrArte se pretende:

 

        - dinamizar la participación de todas las personas en su entorno cercano, con una propuesta lúdica, entretenida; donde la colaboración para la preparación de un evento determinado permite que se despliegue espontáneamente una gran energía y dinamismo en pos de un logro común donde cada una de las partes se ve  reflejada en el resultado final del equipo. Desde este espacio se construye una relación más estrecha con los recursos públicos disponibles, con las personas que circunstancialmente los gestionan, favoreciendo un acercamiento entre ciudadanía y administraciones desde el trabajo en equipo.

 

     - poner en valor la creatividad como elemento integrador. Contemplar a los contemporáneos en sus particularidades y situaciones diversas elimina los prejuicios y fragmentaciones producidas por el miedo a lo desconocido, y desde esta fraternidad  se facilita el encuentro y el diálogo entre las personas, los pueblos y sus formas culturales. Aprendiendo de una forma consciente, sensible y directa la mutua diversidad y comprendiendo en ella la igualdad real.

 

Tomando la definición que Olga Cubides Martínez realiza de interculturalidad, nos aproximamos a la finalidad del proyecto IntegrArte:

 

"La interculturalidad se inicia en la fraternidad existencial y culmina en la alegría del encuentro. No se trata de aceptar con un cierto fatalismo el hecho de tener que convivir con personas de otras culturas, sino que el anuncio de esta convivencia debe llegar a ser fuente de alegría. Y esta alegría es la que nos motiva a trabajar para que la convivencia entre culturas sea lo más beneficiosa posible para toda la sociedad. Lo contrario a esta perspectiva conduce a una sociedad a la defensiva, que busca soluciones basándose en el miedo, es decir, en el criterio de la fuerza o del dominio. Alcanzamos así una falsa convivencia; cada uno vive al lado del otro, pero se han creado nuevas fronteras: una calle, un barrio o una zona. Este tipo de sociedad no genera paz. No podemos olvidar que la paz global se fundamenta en la fiesta de los pueblos."

 

Para que una sociedad tan diversa como la nuestra esté sanamente cohesionada e integre a todas las personas que en ella conviven es necesario ejercer un respeto que traspase el límite de lo meramente social, la cortesía institucional, ejercer el respeto como acción existencial en el que las identidades de quienes nos rodean se entrelazan activamente con las propias.

 

Una experiencia artística comunitaria significa una huella, una gran impresión afectiva para todos sus participantes, impresión que suele quedarse en nuestros estructurados intelectos y en nuestras renovadas emociones, transmitiéndonos esa alegría fundamental  de estar cerca, de compartir nuestras historias, nuestras danzas, nuestras costumbres, nuestras comidas; en resumen, nuestras vidas y la absoluta certeza de habernos enriquecido.

 

De aquí, el compromiso que asumimos desde la Junta de Andalucía en pro de la construcción de una sociedad intercultural, con la puesta en marcha del proyecto IntegrArte, donde nuevos espacios para la participación y libre expresión sirvan para el encuentro, el conocimiento, el entretenimiento y la generación de transformaciones necesarias que profundizan en la democratización de nuestra sociedad.

   

Fabiana Boer 

Violeta Schargorododsky

 

 

 

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